De guerras comerciales a Covid-19, los eventos recientes han provocado un replanteamiento dramático de cómo las empresas pueden resistir en tiempos de crisis. La revisión de la globalización tal como la conocemos se ha acelerado en los últimos años, a la vez que los líderes empresariales se enfrentan a la inevitable tarea de reestructurar sus cadenas de suministro.

La globalización ha retrocedido desde su auge a mediados de la década de los 2000, tras la crisis financiera. Lo que antes se veía como inevitable comenzó a cambiar de rumbo cuando los líderes políticos empezaron a apelar a un enfoque más autosuficiente de la economía.

La fragilidad de las cadenas de suministro, expuesta por la incapacidad de abastecerse rápidamente de bienes durante la pandemia, demuestra que mirar hacia adentro tiene cierto mérito.

Sin embargo, al igual que la globalización no fue un proceso inexorable, su colapso no debe darse por sentado.

El auge del nearshoring

La vuelta de las operaciones al territorio nacional, o su reubicación, es una opción atractiva para las empresas que no fueron campaces de cumplir con sus obligaciones debido a problemas en el extranjero. Sin embargo, hacerlo a escala es una tarea costosa. Los requisitos reglamentarios en las economías avanzadas suelen ser onerosos y crean obstáculos financieros, tales como salarios mínimos más altos, que reducen la competitividad.

Si algo hemos aprendido de los problemas a los que nos enfrentamos durante la pandemia, es que una cadena de suministro sólida es diversa. Hoy en día se cuestiona la búsqueda de eficiencia que fomentó que la fabricación se concentrara en Asia.

Puede que la reubicación no sea la solución prevalente, pero sí parece muy probable que aumente la regionalización. Confiar en los países vecinos permitirá a las empresas aprovechar la mano de obra más barata, mantener un mayor inventario y un control de calidad más estricto. Donde la globalización sufre, el nearshoring podría experimentar crecimiento.

Si bien crear un exceso de capacidad puede ser costoso, las alternativas pueden ser peores.

Obstáculos geopolíticos

La pandemia no es el único catalizador. Es una mera aceleración de lo que ya era una tendencia al alza.

Las guerras comerciales, las sanciones y la retirada de los tratados internacionales han enfriado la confianza de las empresas a la hora de invertir en el extranjero. También el sentimiento público hacia los productos procedentes de ciertos países ha ido cambiando.

Los flujos transfronterizos de bienes han caído en la última década, en relación con el crecimiento del PIB, tras un crecimiento constante durante varias décadas.

Pero donde hay caos, hay oportunidades.

Invocando un lema de 2020, Nataranjan Chandrasekaran, presidente del conglomerado indio Tata, dice que “los conflictos geopolíticos se han convertido en la nueva normalidad para todas las empresas”.

Navegar los conflictos y buscar la estabilidad se ha convertido en un coste necesario de hacer negocios durante la retirada de la globalización.

Sin embargo, si bien ha habido victorias políticas para los escépticos de la globalización, la firmas del acuerdo comercial UE-Mercosur y de la Asociación Transpacífica (TPP) demuestran que las barreras comerciales aún están en proceso de  eliminación.

Eliminación de riesgos, no desvinculación

Empresas de todo el mundo han visto su futuro expuesto a los peligros de una frágil cadena de suministro. Aunque una revisión radical de las cadenas de suministro como solución rápida podría resultar atractiva en teoría, es imperativo evitar actuar precipitadamente.

Reducir el riesgo de la cadena de suministro, extender operaciones a múltiples ubicaciones o el nearshoring son soluciones mucho más plausibles que una disociación total con países como China.

La idea del abastecimiento en un lugar único se convertirá en algo del pasado, y se reevaluarán años de operaciones de bajo inventario y fabricación just-in-time.

Estos desafíos seguramente afectarán a quienes gestionen cadenas de suministro en los próximos años, pero la clave será mantener la flexibilidad, diversificar y crear planes de contingencia.

Es poco probable que se produzca un regreso al auge de la globalización a corto plazo, aunque esta está lejos de su final, ya que ofrece demasiados beneficios como para retirarse por completo.

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